VOLAR ES UN PLACER, GENIAL, SENSUAL...

Volar oyendo música se ha vuelto para mí lo usual. Una vez que nivelo y establezco potencia de crucero, mi mano va del acelerador al botón que enciende el tocadiscos y de inmediato en los audífonos suena la voz de Adriana Landeros, la guitarra de Rubén Romero, la flauta de Jean Pierre Rampal o la trompeta de Wynton Marsalis.

Quienes vuelan por primera vez conmigo, invariablemente se sorprenden a los primeros compases y comentan lo agradable que resulta la combinación mágica de cielo y sonido. Pero, ¿qué tiene de extraño si la música muchas veces nos hace volar en tierra y el ronroneo del motor resulta musical en el aire?

En un pequeño estuche llevo entre los asientos una docena de discos, de los cuales algunos están ahí permanentemente y otros los voy substituyendo de acuerdo a mi estado de ánimo o las circunstancias. Cuando murió John Denver, por ejemplo, puse en el estuche un disco con sus canciones más famosas y ahí sigue. El fue un piloto entusiasta y me emociona volar escuchándolo cantar la bellísima letra de "Sunshine " o la tierna melodía de "Annie´s song".

La música a bordo me trae recuerdos agradables. La última vez que Guayo Tobalina voló, íbamos escuchando tangos y él los tarareaba, "... volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien...", tarareo que ahora viene a mi mente cada vez que pongo ese disco.

Recientemente llevé a mi prima Quica y su hija a pasear a mil pies de altura sobre las planicies de Texas. Fue un agradable vuelo matutino, pero lo que más recuerdo son los comentarios cuando oprimí el botón del tocadiscos y nos acarició la letra original de "Eternally", la famosa canción que Charlie Chaplin compuso para su película "Limelight", y que es mucho más bella que la versión que en español conocemos como "Candilejas".

Cuando hace veintitantos años empecé a volar con audífonos, algunos pilotos me preguntaban algo que hoy a nadie se le ocurriría: ¿no te impiden escuchar las variaciones en el motor? Hoy, de vez en cuando alguno me pregunta si no me distrae escuchar música mientras vuelo. Por supuesto que me distrae, si no ¿para que la escucharía?, pero no en el sentido negativo. La música me tranquiliza cuando estoy tenso y me ayuda a volar relajado.

Como dice el tango "volar es un placer, genial, sensual" y la música me parece el complemento ideal para esta actividad que mi amigo Daniel Baun practica en un biplano y acertadamente llama: lo más placentero que en este mundo puede hacerse con la ropa puesta.