HABLANDO DE ACCIDENTES

El mes pasado, mi amigo Esteban Vigil publicó aquí un artículo titulado "Viva México", sobre el accidente en que perdió la vida su coterráneo Alfredo Dehmlow, al desplomarse su avión cuando maniobraba para aterrizar en Guadalajara.

Sobre ese artículo he escuchado comentarios encontrados de los pilotos que conozco, pero todos coinciden en que Esteban tiene el mérito de poner por escrito y publicar lo que piensa, lo cual no es común. Si cada uno de los lectores de NotiAMPPA lo hiciera tan sólo una vez cada diez años, no alcanzarían las páginas de este boletín mensual.

Dos de mis autores favoritos de aviación, Barry Schiff (a quien menciono cada mes en el preámbulo de esta columna) y Rod Machado (quien además es un divertidísimo conferencista), escribieron sobre el fondo del tema que trató Esteban. Dado que dicen lo que pienso más claramente de lo que podría yo expresarlo, me limitaré a transcribir la traducción de parte de sus textos:

 

"Los accidentes consecuencia de desplomes y barrenas inesperadas continúan cobrando un elevado número de víctimas cada año. Esto ocurre a pesar de los entrenamientos sobre técnicas de recuperación.

Todos sabemos que para sacar el avión de un desplome hay que bajar la nariz, y lo hacemos fácilmente con el instructor a bordo. Estos desplomes, sin embargo, se practican a gran altura, de modo que la pérdida de altitud resultante no es percibida visualmente. Dado que un desplome no debe realizarse intencionalmente cerca del suelo, no estamos entrenados para sobreponernos a la impresión súbita de ver acercarse el terreno a gran velocidad. Esta impresión es tan fuerte que hace al piloto olvidar las lecciones aprendidas y volver al instinto fatal de jalar el bastón, en vez de empujarlo, para tratar de evitar el impacto.

Estoy convencido de que el reflejo más difícil de desarrollar en un piloto, es el de empujar el bastón cuando la altitud es crítica y la visión del suelo que se acerca, dramática." (Barry Shiff: Fatal instinct).

 

"A diferencia de los pilotos militares o de aerolínea, los pilotos privados pasamos la mayor parte de nuestras horas de vuelo sin aviadores más experimentados al lado. Es un mundo solitario, donde lo que leemos y oimos nos influencia más que aquellos a los que imitamos.

Los pilotos de aerolínea y los militares desarrollan sus habilidades como los albañiles y los cirujanos: ayudando al maestro por mucho tiempo, hasta que llegan a estar capacitados para substituirlo. En este proceso no sólo logran destreza, sino también aprenden el razonamiento y la estrategia del mentor para resolver cada problema.

Los pilotos leemos reportes y análisis de accidentes de aviación con la esperanza de aprender y no cometer los mismos errores. ¿No es cómo si leyéramos obituarios para aprender a conservar la salud? Después de todo, un accidente de aviación no es ejemplo de buen criterio, porque si lo fuera, no hubiera sucedido.

¿Se aprende algo valioso de los análisis de accidentes? Yo lo dudo. Siempre tratan de causas probables en base a datos insuficientes recogidos por alguien que no estuvo ahí. Es imposible determinar con precisión el proceso de razonamiento que llevó a un piloto a encontrar la muerte. Los análisis de accidentes no pasan de ser especulaciones." (Rod Machado: Peek performace)