EL ARTE DE VIVIR

Cuando me enteré que por trabajos de repavimentación de la pista el aeropuerto de Xalapa estaría cerrado durante dos meses, me pareció trágico. En vano traté de recordar la última vez que pasé dos meses sin volar y me consolé como la zorra de la fábula, diciéndome que en la temporada navideña trabajaría sábados y domingos y si hubiera pista no tendría tiempo para usarla.

Una mañana decembrina, un amigo (que sabía que la pista estaba cerrada) llegó con su familia al rancho a cortar su arbolito de navidad y, viéndome feliz, me preguntó si lo que más disfrutaba en la vida era volar o cultivar arbolitos. Para su sorpresa (y la mía) contesté sin titubear: ninguna de las dos cosas, lo que más disfruto en la vida es un buen libro.

Quizá lo dije porque en esos días estaba leyendo "Fernando Savater: El Arte de Vivir", un libro de esos que uno vitorea cada página porque reconoce sus propias ideas, como cuando a los primeros compases el auditorio reconoce la melodía y parece que aplaude al cantante y no a sí mismo.

Fernando Savater es un filósofo vascuence de mi edad, que tiene la virtud de expresar claramente y en pocos renglones lo que a mí, si fuera capaz de expresarlo, me tomaría largas y confusas páginas. "La capacidad de resumir --nos decía en la secundaria el maestro Torre-López, cuando le entregábamos un escrito largo-- es directamente proporcional a la inteligencia y no voy a perder el tiempo leyendo lo que escribió un tarado".

Savater considera al ocio como uno de los problemas serios de nuestro fin de siglo y plantea dos soluciones: la exterior y la interior. La exterior es costosa, nunca suficiente (porque intenta amueblar un vacío) y muy envidiada: los bienes materiales. La interior es barata, plena y la envidian pocos: el pensamiento y la creación. Desafortunadamente para pensar y crear se necesita cultura, algo que a muchos nos falta y nadie tendrá nunca demasiado.

Ganadores del oro olímpico, astronautas y otras celebridades han acabado en alcoholismo o drogadicción por no saber utilizar su ocio. El interior, dice Savater, hay que llenarlo y si no es con cultura será con química o televisión, que son sucedáneos del pensamiento.

Para quienes no lo hacemos profesionalmente, volar es, en última instancia, una solución exterior a nuestro ocio, aunque le busquemos justificantes. El reto consiste en guardar el adecuado balance ético con una solución interior. Ética (palabra griega que significa costumbre y en latín se dice moral), es el arte de vivir.

Para volar y leer Hangar Siete (que con esta página inicia su tercer año) basta un vocabulario de quinientas palabras, pero no para los matices del mundo interior. Pensar requiere más palabras que hablar y las palabras se adquieren en los libros.

Mi propósito de año nuevo es leer más sin volar menos, pero ya se me queman las habas por el biplano y si la pista no es reabierta pronto, el mes próximo les receto otro rollo sobre el libro que esté leyendo. Sobre advertencia no hay engaño.